Reflexión sobre pandemias, y otras inquietudes

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¿Como hemos de vivir en este mundo con todo lo que está pasando? Pandemias, feminicidios, infanticidios, tormentas, y aparentemente cada vez más peligros de todo tipo, para gente de todas las edades y en todos los países.

Nuestros avances como sociedad nos llevan a empatizar hoy con el sufrimiento del mundo más que nunca, y debemos reconocer eso como algo muy bueno… pero de cierta manera, no justifica esta nueva cultura de pánico. “¿Cómo hemos de vivir en esta era?” Ya decía CS Lewis: “Pues, tal y como hubieras vivido en el siglo 16 cuando la peste visitaba Londres casi cada año, o como hubieras vivido en la era de los Vikingos cuando invasores de Escandinavia podían llegar en cualquier momento y degollarte por la noche,” o incluso como ya vives en una era de cáncer, de diabetis, de tormentas, de tsunamis, de terremotos, de pandillas, de accidentes vehiculares. En otras palabras, no empecemos por exagerar sobre la novedad de nuestra situación. “Créanme, estimados y estimadas, ustedes y todos y todas a los que usted quiere ya fueron sentenciados a morir una muerte seguramente no placentera, desde antes del pánico o la indignación más reciente” Tenemos, cuando menos, una gran ventaja sobre nuestros antepasados: antibióticos, anestesia… y tequila. Es perfectamente ridículo andar lloriqueando, protestando, o con cara asustada porque los científicos (o empresas, o políticos, o ideólogos, o medios de comunicación) han agregado una nueva forma de muerte dolorosa y prematura a un mundo que ya se erizaba con tales probabilidades y en el que la muerte para ti y tus seres queridos no era solo una posibilidad, sino es una certeza.

El primer punto a hacer, y la primera acción a tomar, es tranquilizarnos. Si vamos a ser destruidos por un loco, una bala, una bacteria, o una tormenta, aseguremos que cuando llegue el momento, me encuentre haciendo cosas sensibles y humanas: rezando, trabajando, ayudando a personas necesitadas, construyendo cosas extraordinarias, emprendiendo, innovando, enseñando, leyendo, escuchando música, viendo películas, enseñándole a sacar la lengua y decir cosas chistosas a mi sobrinita, subiendo cerros con amigos, riendo, filosofando, jugando cartas, tomando café, o whiskey, en una fogata, o una cerveza bien helada en la playa – pero no amontonado como borrego asustado, gritando, quemando cosas, quejándome del mundo, echando culpas, o pensando en los malos o malas. Podrán romper mi cuerpo o el de mis seres queridos (un insignificante tropiezo en la regadera puede hacernos lo mismo) pero no tienen por qué dominar mi mente.

El segundo punto que quisiera proponer, entonces, es aprovechar esta situación que nos hizo detenernos por un día, (o un par de semanas al parecer), para recordar el hecho que yo y todos ustedes vamos a morir. Si, tú también te vas a morir, posiblemente antes de lo que crees, a manos de una bacteria, una mutación en tus células, un accidente, una agresión, o simplemente, por un cuerpo expirado, cualquiera que sea el caso, duela por 1 día o por 1 año, tengamos 15, 35, o 85, casi nadie está preparado cuando llega, y seguramente será doloroso para ti y todos los que dejas atrás. No hay tal cosa como una muerte bonita. Entonces, en vez de andar preocupándonos por algo que esta fuera de nuestro control, y que de todos modos va a suceder, creo que vale la pena mejor preguntarnos: ¿qué nos gustaría haber logrado antes de ese momento? … ¿qué hubieras querido haber hecho diferente cuando te llegue el día? ¿Haber ganado más dinero, o haber logrado hacer la paz con tu familia, contrincantes y enemigos? ¿Haber conseguido más poder y respeto de gente que ni conoces, o haber mejorado, tu, personalmente, un poco la vida de 3 o 4 personas (o comunidades, o ciudades), en las que realmente podías marcar una diferencia? ¿Haber logrado obtener más fama y lujos, o haber visitado a más niños enfermos o prisioneros, compartido unos tacos o refrescos con más niños de la calle, compartido calcetines secos con más indigentes mojados por la lluvia? ¿Qué quieres llevarte contigo, y que quieres dejar en este mundo?

Por último, con la pena de incluirme, pero hemos crecido en una generación tan privilegiada que se nos ha olvidado una lección básica: la vida es sufrimiento, sufrimiento y sufrimiento, y luego te mueres. Y no confundan mi perspectiva por pesimismo, al contrario, incluso en ese sufrimiento cosas extraordinarias y bellas ocurren, especialmente para los que, con fe y esperanza, viven bajo el supuesto de que esto no es más que un entrenamiento, lleno de pruebas, para la vida real, que empieza al final de esta. Pero como el entrenamiento de todo deporte, solo trascienden realmente aquellos que toman su entrenamiento enserio, y que lo sufren con todo su corazón y pasión día con día. Quizá esta referencia no se entienda para los que no crecieron entrenando como atletas como lo hicimos todos en mi familia, es difícil explicar lo bello que son mis recuerdos de experiencias tan dolorosas, de días que lloraba de calambres, de deshidratadas, de tobillos y narices quebradas, sangre y sudor, en equipo, en competencia, juegos ganados, y campeonatos perdidos por mal arbitraje, todo parte de una sinfonía, sufrimiento que vale la pena repetir mil veces. Pero no: vivimos en una generación que no sabe ni ayunar porque se desmaya. Comiendo 5 (o al menos 2 comidas) al día sin falla por décadas seguidas, migrantes quejándose de frijoles, o indigentes exigiendo un Starbucks. Creo que es por eso que esta generación, cuando la vida nos recuerda la realidad, con una tragedia, o una injusticia, o cualquier recordatorio de lo inescapable que es la muerte, el mal, y el pecado, entramos en pánico y hacemos un berrinche digital o colectivo, como si fuera una virtud hacernos los sufridos por el sufrimiento ajeno. Compramos todo el papel de baño del super, no sea que nos quedemos sin papel en esta crisis, y quemamos o rayamos iglesias, porque, aparte de hacernos los sufridos, la otra virtud es “señalar a los culpables” aunque realmente no sean los culpables, pero se parezcan. Y entonces, el tercer mandamiento de nuestra generación: salvar al planeta de la plaga que le llaman “humanos”. Entre mas grande sea el logro de un humano, más deplorable lo debemos de tratar, según el supuesto moderno: los capitalistas, inventores, filósofos, emprendedores, profetas, misioneros, aquellos que construyen el mundo de las ideas y el material son una plaga según la nueva doctrina, y por eso, la nueva virtud se llama activismo, porque no esta interesada en construir nada (no vaya a ser que los confundan con los malos), sino que, a traves de leyes, o difamaciones, o protestas, busca destruir a los que más están construyendo cosas.

Aprovecho estos eventos recientes para recordar no tanto lo malo del mundo, que aunque es necesario reconocerlo, no quiero dejar que consuma mi mente y mi espíritu. No, yo quiero enfocarme en vivir una vida extraordinaria, cambiarle la vida, para bien, a los que me rodean día con día, sean viejos o jóvenes, mujeres u hombres, en el vientre o en el lecho de su muerte, quiero poder encender un fuego de alegría e inspiración en el mundo, aunque sea el de mi familia, amigos, empleados y clientes, quiero construir edificios, comunidades y ciudades, y ayudarle a los que están construyendo cosas mejores que las mías, aunque sean mi competencia.

¿Cómo hemos de vivir en esta era? Dejándolo todo en la cancha, emocionados por ese festín celebratorio que tendremos después del juego, con El Entrenador y toda la banda, hayamos ganado o perdido, riéndonos, recordando lo bello que fue jugar. ¿Y tú, cómo quisieras morir? ¿O mejor aun, cómo vas vivir?


2 respuestas a “Reflexión sobre pandemias, y otras inquietudes

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